Encontré otra.
¡Pero qué mano, señor!
¡Qué amor de mano!
Suave, gordita, delicada, pequeña.
Una mano que temblaba, revelando la emocion de su dueña.
Mi otra mano habia tropezado en un seno.
¡Pero qué seno!
¡Qué voluptuosidad!
¡Qué encanto!
¿Era aquella la cuñada del grande hombre?