Dí contra una pared.
Reboté.
Sentí cerca de mí, sobre la pared, otro garotazo.
El pavor me dió tiento.
Me escurria sin tropezar.
Tirando garrotazos á bulto, sentia á un hombre que me llenaba de improperios, y que á veces se ponia muy cerca de mí.
Su voz bronca, brutal y grosera era sin duda la de algun mozo de cuadra.
Yo habia encontrado unas escaleras.
No sabia si eran torcidas ó rectas.
Pero esa especie de tacto del miedo, me llevaba.