La jóven lanzó un chillido semejante al de un raton cogido por un gato.

Yo me replegué al terrado.

Pretendí de nuevo escalar el terrado.

Esto era imposible.

Las tejas se venian sobre mí.

Pasaron algunos instantes.

Yo oia alaridos y golpes.

Se propinaba, sin duda alguna, una repasata á la hija por el padre.

Yo buscaba en vano sitio por donde escapar.

La azoteilla estaba profundamente encajada entre los tejados.