Abrí una puerta que encontré á mi derecha.
—Entra,—me dijo el coronel.
Entré.
Yo creí que el coronel entraría tras mí; pero me engañé; cerró la puerta del cuarto por fuera.
Esto significaba que el coronel era todo un original.
CAPITULO X
En que se vé que yo no podia dudar de que mi esposa era inocente.
Yo tenia un hombro terriblemente dolorido á consecuencia del brutal garrotazo del lacayo, esposo de Emilia, de la que no conocia yo más que una parte del delicioso bulto, y sentia no ménos dolor en otra parte por el puntapié recibido á causa de otra mujer, á quien no conocia ni poco ni mucho.
Estaba horriblemente mojado.
Temblaba de frio.