Lo que primero me pareció bien, fué el aspecto del aposento.

Estaba en una casa perfectamente amueblada.

Con un gusto exquisito.

Con riqueza.

¡Luego eran ricos!

La mujer que estaba delante de mí, vestía una bata del mejor gusto.

Luego era elegante.

En el peinado tenia una pequeña flor de oro y en ella un grueso diamante.

Era posible que el señor coronel Arrumbales, si no era un hombre muy rico, fuera á lo ménos muy bien acomodado.

El me habia dicho: