Me extremecí.
¡Oh! ¡Qué morvidez, Dios mio!
¡Qué forma de brazos!
Levantó la cabeza.
Apareció en su semblante una expresion de sorpresa, de admiracion.
No he visto nada tan candoroso, tan puro, tan hermoso como aquel hechicero semblante, en que aparecia aún la infancia unida á una poderosa y desarrollada hermosura.
Apenas si aquella criatura tenia quince años.
Era blanca nacarada, rubia dorada; con una boca de lábios purpúreos; con unos ojos celestes, con pupila negra, dulces y al par poderosos, incitantes y puros.
El candor, la virginidad, aparecian en ella de una manera indudable.
Sus amores con Alfredito debian ser una tontería, una niñada.