La inocencia rebosaba de todo el sér de aquella criatura.

Sentí ánsias de amor.

Se me apretó y se me dilató el corazon.

Yo no acertaba á explicarme ni queria explicarme lo que me sucedia.

Yo, dueño de aquel arcángel, por una casualidad rarísima, por una sucesion de aventuras inauditas, no sabia qué pensar de aquella otra aventura presente, más inaudita aún.

Sin duda el coronel Arrumbales, tomándome por el amante de su hija, habia supuesto entre ella y yo una intimidad completa, y se habia tal vez dicho:

—No importa: le retengo prisionero: le considero ya el marido de mi hija; ¿qué más dá?

Hay hombres muy raros.

A mí me han sucedido en este mundo cosas increibles.

La locura coge á una gran parte de la humanidad.