Hoy los muchachos á los doce años son ya unos pilletes.
Yo no podia tener una conversacion seria con aquella chica.
No me atrevia tampoco á asombrar su alma.
Sentia, por la primera vez de mi vida, un amor puro.
Creia, por la primera vez, en la Providencia.
Supuse que Dios queria que yo no siguiese adelante en mi carrera de perdido.
Yo me reduje á seguir informándome.
Su padre, segun ella me dijo, era un señor muy raro.
Su madre, que era muy jóven, puesto que cuando murió sólo tenia veinte años, habia sucumbido doce años antes.
Yo supuse que la infeliz se habia muerto por no sufrir al coronel Arrumbales.