Nadie lo visitaba á él.

Habia prohibido á su hija que hablase con las vecinas.

Los cristales de los balcones eran opacos.

No se veia á través de ellos.

Sus maderas tenian llave.

Dentro de casa Eloisa era una monja.

En la calle llevaba junto á sí al cancervero.

En cuanto el padre se apercibia de que á causa de Eloisita los seguia un enamorado, despues de ahuyentarle como he dicho, la emprendia con la pobre niña, y el sermon bilioso no cesaba en seis horas.

Por Eloisita habia tenido el coronel Arrumbales más de un lance desagradable.

Pero eran tan feos los bigotes del coronel, habia estropeado de tal manera á aquellos con quienes se habia batido en duelo, que echó fama y nadie se atrevia ni áun á mirar á Eloisita á causa del respeto temeroso que causaba su padre.