Yo, sin haber conocido á su hija ni haber pedido su mano, habia logrado lo que para otros habia sido imposible.
Esto es, que Arrumbales no sólo me concediese su hija, sino que me la entregase.
Pero yo me temia una nueva y terrible excentricidad.
Por ejemplo: que despues de casada conmigo Eloisa, el coronel la dejase viuda.
Todo habia que temerlo de aquel loco.
La mayor estravagancia era la cosa más natural del mundo tratándose de él.
¿Pero por qué considerándome ya como esposo de su hija me habia encerrado con ella?
Esta era una extravagancia.
Yo estaba contento.
No podia darse cosa más hermosa en realidad que mi Eloisa.