El coronel se irritó, amenazó, se asustó el teniente.

Acudió el sacristan.

No siendo esto suficiente, sobrevinieron los sepultureros.

Se armó una zalagarda del diablo.

Acudió un inspector con algunos agentes, y el coronel fué cogido, desarmado y conducido, á pesar de sus reclamaciones de fuero militar, á la prevencion del distrito.

Nada de esto hubiera sucedido si yo no hubiera conocido á doña Emerenciana.

Fatalidades.

O mejor dicho, consecuencias de consecuencias.

Como el coronel no contestaba, porque no podia contestar, y nosotros no acudiamos, porque no podiamos acudir, ni nos atreviamos á responder á voces desde nuestro cuarto, los que llamaban temieron hubiese sucedido una desgracia.

El sereno llamó á los agentes.