Que su padre nos habia sorprendido.
Que nos habia encerrado.
No habia más que decir.
El juez me mandó que le siguiese.
Entonces saltó don F... y dijo quién era, lo cual puso en respeto al juez.
Se convino en que se echaria tierra al negocio.
El juez se fué.
Se fueron todos.
Nos quedamos solos don F..., Eloisita y yo.
—Es necesario,—dijo don F...,—que los dos se vengan ustedes á mi casa; no sabemos las intenciones que puede tener el papá: yo tomo á ustedes bajo mi proteccion.