El hombre público quiso seguirme; pero yo volaba.

El sereno habia querido detenerme.

Pero yo habia saltado por encima de él.

Una vez perdido de vista, templé mi carrera, que era demasiado violenta.

Me encontré en la de San Gerónimo, frente á la calle de Sevilla, antes Ancha de Peligros.

Tenia hambre: las aventuras de aquella noche no habian sido para menos.

Me entré en un establecimiento que ya no existe, porque se lo ha llevado el ensanche de la calle, en que se servia muy bien y que era muy concurrido.

La Cervecería alemana.

Allí me encontré con un señorito que habia bebido demasiado, y que se metió conmigo.

Yo no estaba de humor.