Cené bien; luego recordé mi cita con la ex-ministra morena, con Loreto: otra vieja verde.
Mi cita al amanecer en la entrada de la calle de Jesús y María en un landó.
Ya era cerca del amanecer.
Me fuí hácia la plazuela del Progreso.
Cuando iba por la calle de Relatores, pasó junto á mí un hombre alto.
—¡Juro á Dios,—decia,—que á ese miserable le he de hacer pedazos ¡Yo reconocí la voz de Arrumbales!
Me guardé muy bien de llamarle la atencion.
Arrumbales se perdió á lo lejos.
Empezaba á amanecer.
Yo habia templado mi paso desde que habia conocido á Arrumbales.