Temia que se volviese por acaso sobre su camino y se encontrase conmigo y me reconociese.
Llegué sin novedad á la entrada de la calle de Jesús y María.
Allí estaba el landó.
Yo me precipité hácia él.
Me perseguia la sombra de Arrumbales.
Temia verle aparecer otra vez.
Le habían soltado con fianza, según supe despues, de la prevencion.
CAPITULO XII.
En que empiezo á tener una posicion hasta cierto punto independiente.
En el momento en que me acerqué al landó el lacayo bajó del pescante, y sombrero en mano abrió la portezuela.