Nada tiene que decir mi señor.
Su esclava está cuidando enfermos.
¿Y qué más enferma que yo?
Agonizo.
Te adoro.
Tu eres muy guapo.
Muy jóven, y muy elegante, y muy diablejo.
Te se conoce.
¡Cómo me has quemado la sangre anoche!
¡Estabas entre aquellas dos mómias!