¡Oh, y qué mujeres tan horribles!
¿Por qué te sonreías con aquellas brujas?
Y Loreto lo decia todo esto con una gran volubilidad.
Con una gran vehemencia.
Aquella mujer me enconfilaba.
Yo sabia de antiguo lo que muchos prójimos ignoran.
Singularmente los que son feos, sin gracia y pobres.
Esto es; que cuando una mujer toma la iniciativa, y esta mujer es una vieja verde, es mucho más vehemente, mucho más atrevida, mucho más inconsiderada que el hombre más libertino.
Aquella mujer no me dejaba hablar.
Me devoraba.