Y era muy bella, bellísima.
Un poco madura.
Pero esto aumentaba sus atractivos.
Era además una beldad á la moda.
Todo el mundo la conocia.
Todo el mundo la codiciaba.
Yo habia ido á su cita, dada la situacion en que me encontraba; más que por otra cosa, por tener una proteccion.
Cuando llegó un momento de calma (era ya de dia muy claro), la hice una confesion general.
—¡Ah! Pues te ayudaré,—me dijo ardorosamente;—estás metido en un atolladero, en una mar de lios: yo conozco á Arrumbales; le conozco mucho: es una tempestad; pero no hay tempestad temible si se tiene para-rayos: yo soy una persona respetable para don Silvestre: es amigo de mi marido.
Alguna vez nos ve; siempre con su niña.