Pero era necesario dejar hacer á Loreto.

Ser prudente.

Necesitaba además descansar.

Me fuí al hotel de París.

Pedí un cuarto.

Mandé que me llamasen á la una; y que me tuviesen preparado un carruaje de lujo.

Entonces me eché en la cama vestido, para dormir dos horas.

CAPITULO XIII.

Mi abordamiento á mi tercera cita.

Pero no pude dormir.