—¡Mi hermana!...
—¡Ah! ¡Su hermana de usted!...
—Sí, mi hermana: usted tenia anoche con ella una cita.
—Permítame usted,—respondí:—yo no tengo acerca de eso conocimiento alguno.
—Voy á dar á usted una prueba.
—¿Cuál?
—El sombrero que tiene usted puesto, tiene todo el aire de la cabeza de mi marido: yo le conozco muy bien: los sombreros de mi marido toman una forma especial con sólo una vez que se los ponga. El tener usted puesto un sombrero de mi marido, consiste en que anoche perdió usted el suyo en las cocheras de casa, habiendo entrado en ellas para tener una entrevista con Aurora.
Ese sombrero es la prueba.
Por el sombrero de usted, se ha sabido quien usted era.
Se le ha seguido á usted la pista, y se le ha encontrado en la casa del coronel Arrumbales, encerrado, y en situacion ambígua con esa descaminada chicuela, que se ha atrevido á decirme que aunque no le conocia á usted sino desde hacia dos horas, ya le amaba á usted más que á su vida.