Estoy resuelta á castigar la audacia de usted.
A probarle que no se juega con el corazon de Guadalupe de Aguas-vivas.
Que mi amor es terrible.
Que el que le irrita y le desprecia es un insensato.
Y puesto que yo, tan solicitada, tan buscada, tan admirada por mis sobresalientes prendas, he venido á ser injuriada por un perdido, por un pillete, por un tunante, por un ménos que cualquier cosa, recogido por el vicio, por la torpeza de doña Emerenciana, declaro á usted que esto es más de lo que puede sufrirse, y que no lo sufriré.
Me valdré de mis medios.
Se pondrá á usted donde usted merece estar.
En presidio.
Sí, sí señor, en presidio.
Aquella mujer era una furia.