Con don F... se arreglaba todo.
El mundo iba á ser redimido.
Los entusiasmaba de tal manera, que á veces lo cogian y le llevaban en brazos á su casa, con hachones de viento encendidos.
Luego don F... salia al balcon y peroraba.
Acrecia y acrecia el entusiasmo.
Habia tempestades de vivas y de aplausos.
Le daban una serenata de guitarrones, guitarras y bandurrias.
Le tocaban la marsellesa, el himno de Espartero, el de Riego, el de Garibaldi.
El les enviaba salchichón por largo.
Pellejos de vino.