—Chiquito,—me dijo,—eres un grande hombre: me uno á tí; juntos nos vamos á tragar la Biblia.
Dicen vulgarmente que no hay hombre sin hombre.
Esto es una tontería.
Lo que es una verdad innegable es que no hay hombre sin mujer.
Las mujeres gobernamos al mundo.
¿Hay acaso quien se consagre con más asiduidad, con más inteligencia, con más astucia y con más audacia á los negocios que la mujer?
En nosotras existe por excelencia el sentido práctico.
Abusamos de los vicios y de las debilidades de los hombres, y los dominamos.
Una mujer política vale por un ejército.
La mujer política cuando no es altamente diplomática, es doctora en gramática parda.