Para tí ha sido una fortuna tropezar conmigo.

Loreto se me iba haciendo de momento en momento más preciosa.

Me iba pareciendo verdaderamente más jóven.

—Ya verás, ya verás lo que vale una mujer como yo en esta tierra clásica de la filfa; tú serás todo lo que quieras ser.

Te advierto que yo no soy celosa.

Para que un hombre aborrezca á una mujer, basta con que ella le haga sufrir celos.

Yo sé lo que sois los hombres.

Sé también lo que somos las mujeres.

Mucho cálculo y mucho positivismo, hijo; lo demás es pringue.

Me chocó esta última palabra de mi hermosa.