—¡Cómo! ¿Usted sabe dónde está?

—Sí, señor: le tengo en el bolsillo.

—Es que el bolsillo de las mujeres es generalmente el seno.

—Pues bien; en el bolsillo le tengo.

—Pues entonces,—dijo Arrumbales—le mato dos veces; primero porque ha enloquecido á mi hija, y despues, y principalmente, porque le tiene usted en lo más hermoso que Dios la ha dado.

—Usted le casará con su hija y le dejará usted vivir.

—¿Y usted quiere que le case con mi hija?

—¡Pues ya lo creo! Si yo le tuviera en el seno á la manera que usted dice, no querria que se casase con ninguna.

—¡Hum!—esclamó el coronel.—Hay mujeres muy hondas.

—Pues aquí no hay más honduras sino que yo me intereso por usted y por su hija.