Es un hombre que tiene el orgullo de no haber faltado nunca á su honor.

—He empeñado ya mi palabra de perdonarle,—me dijo,—y yo no digo las cosas dos veces; pero hay que deshacer un lio, dos lios, yo no sé cuántos líos.

Yo los desharé.

Hay por medio dos viejas, una jóven y el coronel don Bruno Maturana, mi antiguo compañero.

Estamos desafiados á muerte.

—¿Que está desafiado con don Bruno Maturana el coronel Arrumbales?—exclamé:—por aquí anda doña Emerenciana.

—En efecto; don Bruno, á lo que parece, está tan enamorado de doña Emerenciana, como Arrumbales lo está de mí.

Doña Emerenciana ha sabido tu lio con la hija de Arrumbales.

Como no has parecido por la casa de doña Emerenciana, ésta ha supuesto que Arrumbales te tiene secuestrado, ó que ha hecho contigo alguna brutalidad.

Ha azuzado á don Bruno.