Llegamos al fin á lo alto.
La Nicanora llamó á la puerta de una boardilla.
Respondió una voz hombruna.
Una voz de vieja.
O de bruja.
Se abrió la puerta y entramos.
Apenas estuvimos dentro, la Nicanora echó á la vieja, dándola algun dinero.
La bruja nos dió las buenas noches y bajó chancleteando las escaleras.
La Nicanora cerró la puerta y se guardó la llave en la faltriquera.