El espacio en que nos encontrábamos era una cocina.

Sobre el fogon habia en una palmatoria de cristal una bujía encendida.

El fogon no daba muestras de haber tenido fuego en mucho tiempo.

No habia allí un solo mueble, ni un solo utensilio en el reducido vasar.

—Estamos solos,—dijo la Nicanora;—yo he tomado hoy esta boardilla, porque me he salido de la casa de aquella maldita vieja; no he comprado más que unos mueblecillos para la alcoba.

Entra y verás.

Nicanora habia tomado la palmatoria.

Lo que Nicanora llamaba alcoba era un espacio aboardillado.

En él habia una cama de hierro ancha y cómoda, una mesa de noche, un velador de pino pintado y cuatro sillas.

Al fondo se veia una lucana.