Me has puesto triste.
Si no me quieres te mato.
Y sacó una navaja guifera.
Yo me sonreí.
Me iba gustando la Nicanora.
Iba descubriendo en ella cosas verdaderamente adorables.
Sobre todo una voluptuosidad infernal.
—En toda mi vida,—dijo,—no he querido á un hombre hasta que te he visto.
¡Si no puedo vivir!