—¿Y quién es el otro?
—Ya le conocerás.
—Vamos claros; ¿para cuántas cosas voy á servir en esta casa?
—Para todo.
—Eso es muy vago.
—Tengo sueño, buenas noches; puedes dormir en una butaca, otras veces habrás dormido peor.
Y se fué por una puerta de escape.
La cerró por dentro.
La otra puerta del gabinete, que daba al salon, habia quedado abierta.
Yo no sabia qué pensar de la aventura en que me encontraba metido.