Toda lucha con ella hubiera sido una temeridad.

Era necesario engañarla.

Se acercaba la hora de mi cita con Loreto en la Zarzuela.

Así, pues, yo comprendí la difícil tarea de domesticar aquella fiera.

A aquella vieja verde de la clase burda.

A una mujer toda bravura.

Toda voluntariedad.

Con las pasiones vírgenes.

Irritada, celosa, encendida en un amor de otoño.

El más violento de los amores.