El del veranillo de los membrillos, en el cual hay dias caniculares, momentos volcánicos.
Se veia claro en su manera y en ese no sé qué indefinible que todo sér humano tiene para el filósofo que es observador, que la Nicanora, á pesar de que en su juventud debia de haber sido una soberbia moza, á pesar de que á sus cuarenta ó cuarenta y cinco años conservaba grandes y sólidos restos de hermosura, de esos que llenan el ojo y se suben á la cabeza, aunque estas bellezas fuesen acentuadas y rudas, no habia amado nunca.
El amor es una cosa, y el materialismo otra.
Cansada de vida fácil y tormentosa, estaba, sin embargo, vírgen de amor.
La más seductora é irresistible de las virginidades.
Estaba reservada para mí la felicidad de hacer amar á aquella tremenda gitana.
A aquella vaca brava, por no decir á aquella tora.
Era de Colmenar Viejo, y se habia criado en la calle de la Arganzuela de Madrid.
En plena tripicallería ó casquería, como mejor queramos.
A dos pasos del Rastro y de las Américas viejas.