Pegada á la Fuentecilla.
Es decir, en el centro, en la crema de la tauromaquia, de la chalanería, de lo manolo y de lo chulo.
Vamos, una hembra completa, que no le faltaba á la mujer ningun sacramento.
Ni siquiera sus primeros amores, primiciados cuando todavía era muy muchacha, por un fraile de San Francisco el Grande.
Si en los tiempos de aquellas primicias el fraile no estaba exclaustrado, la Nicanora debia tener mucho más de cincuenta años.
Pero era el caso que no representaba ni aún cuarenta.
¡Buena madera!
Tal era el amor voluntarioso y vírgen, formidable é impaciente que me habia cogido.
Ya lo habeis visto, lectoras mias.