La Nicanora estaba al corriente de todo.

Me habia expiado.

He habia echado mano.

Yo la habia seguido, huyendo de Micaela, que era otra india brava.

Aquello habia sido ir de Perico á Pendanga, de mal á peor.

Habia causado una nueva ofensa á Micaela, dándola esquinazo en los propios andaluces de Casacon, y Nicanora me habia secuestrado.

Pero yo estaba en la embriaguez de mi buena fortuna, y aquellas aventuras tan movidas me encantaban.

Sabia demasiado Nicanora que tenia tremendas rivales.

A falta de instruccion, de civilizacion, tenia una gramática parda que metia miedo.

Si yo no hubiera tenido empeñada una cita con Loreto, hubiera dado por muy bien empleada aquella noche con mi vieja verde de tela burda.