Un amor salvaje.

Pero rico de un perfume embriagador, y de una fuerza incontrastable.

O no ha habido nunca salvajes en el mundo, lo que es, á mi juicio, lo más cierto.

La humanidad ha sido siempre una misma cosa.

O demasiado desnuda (¡qué felicidad!)

O demasiado vestida (¡qué fatiga!)

Pero en el fondo...

Las mujeres siempre han sido amigas del demonio.

Cuando cansado ya de emplear todo género de persuasiones con Nicanora, acabé de convencerme de que no habia contra su tiranía otro derecho que el sagrado de la insurreccion, esto es, el de la bofetada y la vuelta de coces, y pretendí ponerlo en práctica, me encontré conque la Nicanora lo habia previsto, y estaba dispuesta á sostener su tiranía por las vías de hecho.

—¡Quiá! ¡no señor!—me dijo:—no te quiero yo tanto, para que te burles de mí como te has burlado de tantas otras.