Yo te tengo cogido, y bien cogido: tú eres mi esposo, y no te me vas.
Figúrate que estás en la cárcel, y que yo soy el juez.
Tú no saldrás de la cárcel sino atado á mi por lo cevil y por la vicaría.
Si piensas valerte de los puños, te engañas, porque yo tengo más puños que tú, y en diciendo que tú me levantes la mano, te doy una paliza que te pongo verde.
Y te quiero, y te requiero, ¿lo entiendes tú?
Y conmigo vas á tener tú la gloria de Dios.
Y mira si te querré, que para poder mantenerte como yo quiero mantenerte y regalarte, porque la que quiere tener á su marido gordito, que le dé un traguito, y para que no te falte nunca una onza en el bolsillo, he robado á doña Emerenciana.
Y eso que yo no he robado nunca.
Me has vuelto loca.