Lo desenvolvió, y aparecieron:

Un rico brazalete de oro macizo y pedrería.

Un collar de gruesas perlas, con medallon de diamantes, esmeraldas y rubíes.

Dos broquelillos, y en ellos dos gruesos solitarios.

Un imperdible, cuajado de ricas piedras.

Un broche admirable.

Y media docena de sortíjas de gran valor.

—Si no hay aquí diez mil duros, no hay nada,—dijo la Nicanora:—en eso lo ha tasado un platero que yo conozco, y que me ha dicho que le dará salida.

Con este dinero me meto yo al trato, y le hago crecer como la espuma.

Ya verás, dentro de poco con palacio y coche.