Aquellos dos hermosos semblantes tenian ferocidades de tigre.
Los curiosos gritaban.
Las azuzaban.
Algunos silbaban.
Habian acudido los rabos de la autoridad.
Yo hice como si las oleadas de los curiosos me hubiesen separado de ellas.
Tenia miedo.
No queria ponerme en evidencia.
El robo de la Nicanora me asustaba.
Creia que me iban á suponer cómplice suyo, y que me iban á echar mano.