¡Oh, carísimo lector, ó si se quiere, querida lectora!

Ví..

Aquella magnífica cabellera negra, rizada, sedosa, habia cambiado de lugar.

Estaba sobre un velador.

Doña Emerenciana arreglaba su gorra de dormir.

Su cabeza amelonada estaba completamente calva.

Algunos asquerosos mechones de cabellos canos, de un blanco sucio, se veian en su parte superior.

Entonces aquella mujer parecia horrible.

Yo me crispé, sentí frio.

Junto á la peluca habia dos grandes reenchidos redondos.