El cura desapareció.
Aurora gritaba.
Sus gritos parecian chillidos de rata.
Don F... habia querido intervenir, y don Silvestre habia embestido con él.
El grande hombre, convencido de su impotencia, por un gaznatazo, se habia puesto en fuga.
La moribunda habia saltado de la cama, y habia escapado.
Los criados acudian con garrotes.
Entonces pude admirar la bravura de Arrumbales.
—Ayúdame,—me dijo,—si quieres hacerte digno de que yo te perdone.
Y bajó la cabeza, y embistió con los criados.