A un conocido que nos debe algo que estamos resueltos á reclamarle.
—¡Oh amigo mio,—me dijo,—las montañas son las que no se encuentran! ¿Con que no ha quedado usted ya para otra cosa que para vivir de viejas verdes?
—¿Qué me importa á mí cuando para desengrasar de la vieja conozco á una jóven como tú?
—¿Qué es eso de tú? No tenemos la menor confianza, ni estamos en el baile de la Infantil: un poco más de respeto, caballero, á una, señorita decente.
—¡Ah!—exclamé,—nos hemos conocido en el baile; ¿y cuándo?
—Nos hablamos hace ocho noches y usted no ha vuelto. ¿Y mi brazalete?
—¡Ah! ¡El dominó azul y blanco!—exclamé.—¡y sin careta!
Yo habia contraido una pasion furiosa por aquel dominó inflexible que no habia consentido en mostrarme el semblante.
Al que yo venia tratando desde hacia algun tiempo ya en este baile, ya en el otro.
El de la deliciosa garganta.