Expliquémonos; no era que yo tenia una cocinera, sino que una cocinera me tenia á mí.
Más claro...
Pero no hay necesidad de hablar más claro.
Se podria hacer un turbio.
Me amaba, en fin, una vizcaina que cuidaba del estómago de un canónigo y que cuidaba mucho más de hacerme cómodos sus cincuenta y dos años.
Era vistosa como doña Emerenciana.
Como doña Emerenciana, tenia que hacer inventario, cuando se acostaba, de las prendas más bellas que aparecian en su persona.
Y aún aventajaba á doña Emerenciana, porque tenia un ojo postizo.
Esta señora se habia mostrado espléndida conmigo en más de una ocasion.
Del café á ver una racion de teatro, despues de la racion de teatro una racion de amor.