Esmaltada, en una palabra.
Pero esmaltada por la naturaleza, segun ella afirmaba, no por la química.
Cuidaba mucho sus manos, que eran pequeñas y finas.
Las llevaba siempre cargadas de sortijas, que por su riqueza hubieran llamado la atencion de más de uno de los tenorios de hoy, que andan á caza, por medio de lo irresistible de su arte y de sus seducciones, de una mujer que les produzca lo que se llama la gran vida.
Doña Emerenciana se habia salvado, y aún sigue salvándose providencialmente de estos peligros.
Continúa doncella, segun afirma.
Y no hay por qué no creerla.
Se dan casos.
Pero es la cosa que los casos escasean.
Su acompañante era y está siendo por su tos perruna no una mujer, sino un becerro.