No una vieja, sino un vestiglo.

Tomaba además rapé á puñados.

Sundelaba á momia.

Habia que acercarse á ella con abanico, y hablarla á una distancia de treinta pasos.

Vestía contínuamente un traje negro, que fué nuevo en 1823.

Una mantilla de color de ala de mosca, con numerosos agujeros en la blonda.

Sobre esta mantilla, en los hombros, un gran pañuelo de muleton, tambien anciano.

Con este pelaje se plantaba, siempre que era necesario, en una butaca del teatro Real, sin que se la diera de ello dos cominos.

Decia tambien que era doncella, y se la podia creer, y aún el más escrupuloso y devoto, podia jurar sólo con verla, por la salvacion de su alma, que doña Rufa no mentia.

¡Oh que doña Rufa!