—Mañana,—me dijo,—me traes el brazalete.

—Te lo traeré.

—Ahora escucha, niño. Yo te amo... te amo... te adoro... estoy loca por tí... pero véte... tengo sueño; me he agitado demasiado; necesito descansar.

—Lo creo.

—Véte á la sala, échate en el sofá, mira no te sorprenda tu amor.

—Yo creí que mi amor era el tuyo.

Jonjana á mi ama.

—¿No tendrás celos?

—No.

—¿Y me indemnizarás?