Yo sentia la ardorosa respiracion de doña Emerenciana.

La oia hablar de una manera calenturienta con Micaela.

A poco ésta salió.

Yo estaba en mis glorias.

Aquello prometia.

Tenia hecha mi posicion.

La influencia de la vieja me serviria.

Periodista, diputado, alto empleado en Ultramar, millonario; yo sentia en mí el mismo vértigo que sienten todos los gacetilleros, todos los periodistas.

Yo estaba en el camino de la fortuna.

Yo pasaba revista á los que se habian levantado de la miseria hasta las esplendentes cumbres del poder.