—¿Y cómo has conocido á doña Emerenciana?
—Relaciones de mis padres. Mi padre era coronel de infantería, ya viejo cuando se casó, de más de sesenta años, y no nos quedó pension ni á mi madre ni á mí. Cometió una imprudencia al casarse. Antes que yo naciese murió. Mi madre era alegre, doña Emerenciana estaba entonces verdaderamente hermosa, yo no sé cómo estas mujeres que son hermosas en su juventud, cuando llegan á viejas se convierten en brujas. Mi madre era infinitamente más jóven que ella, juntas hicieron la gran vida. Una noche, hace seis años, mi madre al salir del baile atrapó una pulmonía y fué necesario que me sacaran, de Loreto, donde me educaba, para llevarme al lado de mi madre moribunda.
Lloré mucho, me afligí mucho.
Yo amaba á mi madre con delirio, porque con locura me amaba ella, y era muy hermosa.
Pero me consolé andando el tiempo.
Todo se olvida.
Doña Emerenciana me sacó de Loreto hace cuatro años.
Desde entonces vivimos juntas.
He visto mucho y he escarmentado en cabeza ajena.
Me divierto, pero no me prodigo.