Hé aquí una pregunta á que no sabrán contestar ninguno de los filósofos habidos ó por haber.

Una fantasmagoría.

Un misterio.

Generalmente un castigo.

Una sucesion de pecados cuya culpa no es nuestra, sino de las propensiones, de las influencias, de las fuerzas incontrastables, de la materia, de la atmósfera.

¿Y el espíritu?

Sufrimos ó gozamos lo que á nosotros viene, y por un instante de alegría, de placer, pasamos largas horas de padecimientos insoportables.

Pero basta.

La filosofía, que para nada sirve, tiene el privilegio de ser fastidiosa para la generalidad de las gentes.

¿Qué nos importa estudiar y conocer, hasta el punto que nos es posible, lo que somos, si por esto no hemos de hacernos mejores ni hemos de vencer nuestra mala fortuna?