Cuando las mujeres nos meten el flato en el corazon, estamos perdidos.

Hacen de nosotros lo que quieren.

Yo era un cobarde delante de Micaela.

Estaba alelado.

Chiflado.

Aquello era insoportable.

Y ella debia tambien tener flato en el corazon.

Se la conocia el sufrimiento.

Pero le dominaba.

—Hijo mio,—me dijo,—es necesario que amoraques á la vieja; que la engatuses; pero esto no es fácil; le has gustado y mucho; yo lo he conocido en cuanto has venido, en la manera que tenia de mirarte y de hablarte; pero te encuentras ocupada la plaza, y bien ocupada: de buten.