Me parece que tenemos funcion: alguien anda en la puerta del cuarto.

En efecto.

Se oia un ruido áspero y extraño.

—El es, sin duda,—dijo Micaela.

—¿Quién?

—Don Bruno.

—¿Don Bruno?

—Don Bruno, sí, señor; ya me lo esperaba yo; él te ha visto entrar con doña Emerenciana... los celos...

—Espera, espera,—la dije,—ya verás.

Seguia el ruido.